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Después de enviar una de nuestras propuestas en respuesta a un pitch de agencias, siempre viene a mi mente la escena de Avengers Endgame cuando la pequeña Gamora pregunta a Thanos: - “¿Lo conseguiste?” “¿A qué costo? - Y él responde: - “todo”.  

Tal vez estoy dramatizando en mi narrativa, pero...

pero especialmente en este momento socio cultural en el que ante el menor descuido uno/une puede resultar políticamente incorrecto/incorrecte, es que me atreveré a decir algo aún más dramático: el esquema de “Pitch de agencias” podría estar viviendo sus últimos días y en pocos años ser recordado como una práctica tan popular como inverosímil en el gremio. 

¿A qué me refiero? En la medida que se pone atención en aspectos como “balance vida-carrera”, “respeto a las horas no laborales”, “reciprocidad y responsabilidad en los negocios”, y se populariza el uso de inteligencia artificial, esta práctica consistente en poner a competir a agencias para que en 10 días hábiles o menos, entreguen propuestas exhaustivas de planes 360, con cotización desglosada, muchas veces sin una retroalimentación y/o respuesta sobre el resultados, y mucho menos una compensación, podría pasar a la historia como aquellos días en los que los médicos fumaban en los hospitales. Porque sí, estimado lector que acaba de sorprenderse, hasta las últimas 2 décadas del siglo XX a los médicos se les permitía fumar delante de los pacientes. ¡Ah! y tampoco existían el internet ni los teléfonos celulares.  

Pero volviendo a nuestro tema central, ¿Cuál es la retroalimentación con el esquema actual de Pitches? Lo he mencionado ya de cierta manera, el esquema de Pitches representa horas importantes de trabajo (es decir dinero) de muchas personas dentro de una agencia. Si sumamos las horas de creativos, diseñadores, personas de comercial, ejecutivos de cuenta, planning y directores dedicados al Pitch, tranquilamente nos sale el tiempo de sobra para llevar a los hijos al partido, pasar la tarde en el cine con el novio, la novia o le novie, preparar una cena balanceada o simplemente descansar. Y si traducimos esto a dinero, el balance de Pitches ganados versus lo invertido en todos los demás Pitches de los que no tuvimos respuesta, que fueron cancelados o que perdimos, es muy posible que nos dé un monto poco rentable.

Pero ¿qué mantiene "vigentes" a los Pitches? ¿por qué seguimos accediendo a participar?

Los Pitches tienen los componentes fatídicos de las drogas más adictivas, el combo ganador de neurotransmisores: adrenalina, dopamina y endorfinas. Y quien lo cuestione es porque nunca ha ganado un Pitch, de esos en los que la idea ganadora llega 3 horas antes de la entrega, el cliente te cambia la junta para un día después dándote 24 horas de oro puro, enciendes la cámara y tienes la boca seca, ojeras de mapache, el estómago gruñendo por el exceso de café y la sublime corazonada de que le dieron al clavo. Corazonada que va confirmándose conforme lees los rostros de los interlocutores y sus preguntas tienen una respuesta concreta resultado de muchas horas de “sobar” el proyecto. Corazonada que se convierte en explosión de dopaminas con la sublime llegada de ese correo confirmando que tu agencia ha sido la ganadora. Pero, sobre todo, gracias a los Pitches, hoy en día es la forma de generar negocio y poder nutrir de proyectos a las agencias que con sus ideas, creatividad y ejecución son los socios comerciales idóneos para el desarrollo y crecimiento de las grandes marcas. Solo un día esperemos que, así como a los médicos se les prohibió fumar, el trabajo que hay detrás de un Pitch sea reconocido no solo asegurando una correcta retroalimentación, sino con una contribución que siga impulsando y aportando al gran trabajo de todas las agencias.  

 

Y de nuevo la pequeña Gamora en mi cabeza: “¿Valió la pena?”   

Ustedes, ¿qué le responderían? 

Quitzally López

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